
Se conocían desde hacía mucho, pero esperaban algo. En cuanto se sentaron a trabajar, acordaron enseguida no hacer una sola cosa. Los días que pasan juntas en el taller les van diciendo qué esperaban y, más aún: qué era lo que las esperaba a ellas todo este tiempo.
TKV es el acrónimo de The Kraljica Vila (Reina Hada), el nombre que adoptó cuando empezó a pintar en la calle a los 16 años. Por aquel entonces, Bojana era otra ceramista callada, convencida de que su trabajo no estaba listo para mostrarse al mundo. Y era, además, una auténtica seguidora de TKV. En sus inicios, TKV representaba sobre todo a mujeres. Una joven gitana que sostiene a su bebé en gesto de mendicidad, pero engalanada como la hija predilecta de un rajá; O-Ren Ishii; Audrey Hepburn: eran una calidez llena de encanto para el Belgrado de entonces, exhausto pero optimista.
"Claro que a mí también me intrigaba quién se escondía tras esas tres letras. Y algo mucho más importante: se notaba que TKV era una mujer y que era de Belgrado, sin decir una palabra sobre sí misma. Estaba segura de que nos divertiríamos y de que tendríamos una larga charla. Una amiga y yo nos pasábamos el dato de dónde aparecían sus obras nuevas e íbamos a disfrutarlas." (Bojana)
Se conocieron en persona más de diez años después. El profundo anonimato de TKV ya quedaba atrás, aunque nunca mostró inclinación por la exposición innecesaria. El seudónimo ya no era todo lo que sabíamos de ella, y Belgrado recibió de su mano grandes murales que se volvieron parte esencial de su paisaje urbano. La invitaron a pintar calles por todo el mundo. Su trabajo se volvió más maduro, y todos vimos formatos y lienzos más contundentes y no tan grandes. Sus colores atravesaron los muros; va conquistando galerías. Y aun así no olvida la calle. Mientras tanto, Bojana también maduró. Simbólica y literalmente, sale de los talleres de cerámica que, la mayoría de las veces, son sótanos reacondicionados.


La primavera pasada se encontraron buscando nuevos retos. Son muy distintas, pero comparten una misma sensibilidad.




"Dimos dos pinceladas y al instante sentimos que una era falsa y la otra, el camino a seguir. Solo quedaba elegir un tema, para tener una dirección. Sin darle muchas vueltas, vimos rápido que el punto en común era Japón como inspiración. Queríamos exprimirlo solo lo justo. Jugar como dos niñas pequeñas era la meta principal. Bojana crea un ambiente de hogar en su taller. Sentí que pertenecía a algún sitio, y lo disfruté. Mi reto fue que la cerámica es técnicamente mucho más exigente que la pintura. Eso convirtió a Bojana en una crítica directa y excelente durante el proceso; más exactamente, en una maestra." (TKV)
La colección se compone de 35 tazas de porcelana torneadas a mano. Cada una lleva el rostro único de una mujer asiática.
Cada rostro lo dibujó TKV con un lápiz de cobre que, tras la cocción, parece de grafito. Juntas iban creando biografías íntimas e imaginadas para cada mujer, y después Bojana las comentaba con decoraciones de oro de 24K pintadas a mano. Cada taza viene en una caja pintada a plantilla (stencil) por TKV. Cada pieza lleva un número único en la base.

"Como es habitual en los ceramistas, soy bastante introvertida. No tengo ese temperamento sureuropeo que aquí domina. ¡TKV es fuegos artificiales! Es un bote de spray perforado a propósito para esparcir el contenido más rápido y de otra forma. Sigue siendo una chica de instituto para quien cada lienzo se queda pequeño. Ese fue mi reto. Nos llevamos la una a la otra hacia algo nuevo. Ahí están la fuerza y el encanto de esta colección." (Bojana)

foto: Nemanja Maras