Sobre Boya

Amo la porcelana. Una certeza que vino a mi encuentro en el camino que emprendí en el año 2000. Boya es el apodo que me puso mi abuela. Ella es quien me introdujo en el mundo de la porcelana y los rituales de la mesa.
Hoy encuentro sentido en descubrir el valor de la porcelana. El trabajo manual, la calma del tacto: se han vuelto más importantes que nunca en la historia humana. La reunión en torno a la mesa, los momentos de quietud, la reflexión. Todo eso hoy encuentra un sentido más profundo en la fuerza suave de la porcelana. La unión de lo frágil y lo firme como la piedra.
La sabiduría nace del amor, de la fuerza de decidir ser incondicionalmente suave, de aceptar la transitoriedad de la vida y la fuerza de lo que dejamos atrás. La sabiduría la aprendemos a través de la porcelana.